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| Autor: Claudio Fariñas | Email: | Zona: Venezuela | Año: 2000 | |
Un día cualquiera, hace años, me visitó un extraño en la oficina... llegó con mucha seguridad y lanzando sin preámbulos esta frase: Hola, me llamo Arístides, hago pesca submarina desde pequeño y me dijeron que tu también pescas, me gustaría poder hacer equipo contigo y organizar una salida... Coño, mayor impacto, antes había conocido pescadores, pero de esa forma jamás... a los pocos días me visitó en la casa y allí me enteré de su origen Griego y de su pasión por la pesca. En esa visita desplegó tal cantidad de conocimientos que hasta sentí un poco de temor de salir con él y hacer el ridículo... Varias fueron las tertulias en Maturín pero por una u otra causa nunca coincidíamos para la anhelada salida... Un viernes en la noche sonó el teléfono y el griego me rescató del tedio y la rutina al invitarme para un escondidísimo lugar de nuestras costas orientales. A la mañana siguiente, junto con los repartidores de periódico, salimos vía a la inestable Cariaco para luego, bordeando la costa, dejar de lado Chacopata y discurrir en secano hasta unas lomas oscuras que dan nombre a una ranchería de pescadores, habíamos llegado a Peñas Negras. Un grupo de famélicos chivos nos dio la bienvenida y luego de contactar a un pescador local para la salida del día siguiente, hicimos campamento en un enorme caney de hojas carata donde colgamos nuestros chinchorros para pasar una noche de vigilia por el acoso constante de la inclemente plaga. El amanecer fue una bendición y con él renació mi buen ánimo y la esperanza de no haber perdido el viaje hasta este lugar donde ni las cabras perduran por la inclemencia del medio. Desayunamos como pudimos y al ratito llegó nuestro baquiano con un destartalado bote en el que destacaba un motor sin tapa que acompasadamente tosía humo y levantaba espuma. Preparamos los equipos y me sorprendió ver la cantidad de aperos que llevaba mi compañero de andanzas: dos bolsos repletos de equipos (made in Grecia) que malamente podía mover y que hacían tremendo contraste con mis escasos utensilios. El mar presagiaba mala pesca, el agua color chocolate dominaba hasta el horizonte recordándome otras salidas signadas por la penuria y la escasez. ¿A que sitio del carajo me vino a traer este Griego?... Al navegar por unos 20 minutos, comenzó a aclarar el agua, el pescador bromeando decía: ¨ Tengan fe, tengan fe...¨ A mí, me lo va a decir a mí, pensaba, yo que no me subo a un bote sin encomendarme a la Virgen del Valle, no juegues, lo que pasa es que el mar esta hecho una porquería y así nadie se motiva... En fin, que debíamos ser optimistas a pesar de todo, y unir pensamientos positivos con las miradas fijas en un grupo de minúsculas rayas blancas en horizonte que el marino bautizó al instante como Los Morros del Tunal... Cuando estuvimos mas cerca, tres islotes de mediano tamaño y altura nos dieron una bienvenida signada con el ocre aroma de cientos de kilos de guano que los cubren por años y años de blancas defecaciones de alcatraces y pájaros bobos... Si hay aves marinas es porque hay sardinas, pensé, y si hay sardinas tiene que haber pesca... El corazón me dio un salto y me dispuse a lanzarme al agua... Mientras nos preparábamos, Arístides comenzó a sacar de uno de sus bolsos prestidigitadores, cantidad de detallitos que en forma ordenada se colocaba en el brazo izquierdo, en el brazo derecho, en esta pierna, en el cinturón... Por mi parte, le veía y pensaba que se iba a ahogar con tanto pereto... Ese día el mar nos regaló un agua cristalina, abundancia de pesca y un rato inolvidable... cuando subimos al bote el pescador quedó atónito con la cantidad de presas que traíamos, no es una zona muy rica, por lo que no es usual tanto pescado junto, fue un día de suerte, tal vez por los malos presagios del principio... Entre todo lo capturado destacaba un Pámpano de 10 Kg de peso que Arístides me ayudó a sacar luego de un buen rato de lucha... Ese día, peleando con el pámpano, comulgué con el Griego en el mejor de los templos del señor, ese día se hizo mi compañero y amigo... Uno de más de mis Hermanos de Sal... Claudio Fariña (Guasinuco) Maturín - Venezuela Octubre 2000
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