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Autor: Fernando Bezares Email: Zona: Cabo de Gata Año: 1989
Nadando tras de la barca mar adentro y con el aire a favor..

Yo creo que ha sido el mayor susto que me he dado en mis largas correrías de pesca submarina, por eso os lo cuento en esta sección de "sustos..". Fué en el Cabo de Gata , cuando aún se podía pescar, antes de ser parque natural. Salí desde la Isleta del Moro con mi pequeña Zodiac, modelo "Amosanda", acompañado de mi hijo Diego, que andaba por los ocho o nueva años, y anclamos cerca de una punta en un sitio que yo conocía bien. El viento, aunque bastante fuerte, venía de tierra y no molestaba para pescar. El agua, un poco rizada, estaba cristalina y me lancé con boya y niño. Ambos sin traje y yo con un pequeño fusil de aire comprimido de la época. Rastreamos una zona muy bonita, entre los diez o doce metros de profundidad, que por la claridad del agua se dominaba perfectamente desde la supeficie. Yo bajaba a investigar por el fondo y Diego se quedaba arriba por la boya o, a veces, bajaba hasta media agua sin perder de vista a su padre. Bajo una piedra disparé a un congrio que se enrocó y al tirar acabó por soltarse por lo que me subí, ya un poco justo de aire, con el arpón vacío. Ya arriba, miro a mi alrededor y no veo al niño, miro hacia abajo y veo la siguiente escena que todavía tengo grabada en mi mente: el niño a menos de dos metro del congrio, que era más largo que él, buceando en su dirección (Diego no llevaba fusil) y el congrio huyendo hasta meterse bajo una nueva piedra. Deduje que el congrio, acosado, salió de su refugio al subirme yo a la superficie y se encontró con mi hijo que estaba al acecho... Total se nos fue pasando el tiempo y cuando se me ocurre mirar hacia donde dejamos la barca..., ¡no estaba la barca!. Por fin la veo en el quinto coño navegando sola a favor del viento. Estabamos a más de una milla de la costa y alrededor de una milla de la barca, ¿que hacemos, hacia la barca o hacia la costa?. Le pregunto a Diego qué si es capaz de nadar un buen rato seguido sin asustarse y me dice que sí, asi que, inconsciente de mí, apuntamos hacia la barca y a nadar. Nadar nadar y nadar.., y la barca parecía que estaba siempre a la misma distancia, en cambio la costa cada vez se veía más lejos. Empecé a preocuparme y a dudar sobre si volver a tierra y, esta vez, ya no era por no perder la barca sino evaluando a donde podríamos llegar mejor: hasta la costa que estaba muy lejos pero quieta o hacia la barca que estaba cerca pero se iba. Me decidí por seguir hacia la barca, pero ya muy preocupado o más bién "acongojado", nadando más deprisa, con el niño también nadando e intentando no trasmitirle el peligro de la situación. Llegamos a la barca sin más problemas. No sabeís la sensación al ver la barca a pocos metros y que el niño seguía nadando detrás de mí.., le dí mil besos al subir a la barca. Lo que ocurrió es que lancé muy poca cuerda con el ancla y con el empuje del viento se soltó y quedó colgando a poca distancia del fondo pero sin volverse a enganchar porque era muy corta. Desde entonces llevo cien metros de cuerda atada al ancla además de unos cuantos de cadena y, siempre, echo el triple de cuerda aunque el mar esté como un plato y si alguna otra vez tengo que decidir entre salvar la barca o irme a tierra seguro: me iré a tierra,¡seguro!.  

 

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